El Círculo Interior

El Círculo Interior
Calimaco - Ptolomeo - Erasistrato

viernes, septiembre 7

Majib

Como hace años es de Noche. El viento del norte sopla suavemente a través de las calles estrechas del barrio judío, formando a su paso un silbido arrastrado que recuerda y provoca una somnolencia extraña. Como dulce caída hacia una sedosa penumbra. La nota del sonido se agranda a medida que como un perceptivo caminante avanzo por el corredor tortuoso, y desciendo escaleritas que han horadado hace siglos innumerables pasos en el ir y venir de la vida en este cautivante puerto. La fresca brisa del Mar humedece salina mi cabello, mis sensibles ojos, y mis mejillas morenas. Mi boca gruesa y sensual.
Camino como una sombra en silencio y sin temor a los peligros de las calles oscuras. Este barrio es en general bastante tranquilo a estas horas, como los mortales que tras muros de piedra y madera se entregan al descanso preparándose para la nueva jornada que en unas horas ha de venir.
Evito las avenidas principales, donde las luces de los faroles quitan a la noche en los intervalos de su amarilla influencia de la simple y elegante continuidad de una noche nublada, que vela la influencia blanca de la luna, y donde quizás algún caminante borracho o simplemente la guardia se fijarían inoportunos en mi paso tranquilo.
Desciendo hacia el sector noreste del puerto, justo al pie del cerro que forma por este lado de la bahía el final del camino costero.
Entro en la calle de piedra antigua y bien cortada y avanzo tranquilo hasta el borde mismo de la muralla alta hasta el Torax de un hombre adulto y me asomo al otro lado. El agua oscura se mueve suave y baila con los botes pequeños agrupados como niños en las faldas de este puerto. Me Rodeo en Sombras de secreto para evitar cualquier mirada ocasional y sigo mi camino por la rivera hacia los pies de la gran escalera que desciende del cerrito, justo donde está una de las oficinas del gremio de pescadores. Al poco andar percibo movimiento unas decenas de metros adelante; un hombre abrigado de capa larga y gruesa lleva algo al hombro, un bulto. Lo sigo durante un par de minutos sin que se percate de mi presencia ni por un instante. Envío mis sentidos allá adelante y a toda la zona que nos rodea; estamos solos. Por los próximos minutos estamos solos.
Lo que lleva al hombro huele a cordero muerto hace muy poco, una hora quizás. "¿Donde vas?"; ah!, me detengo. "Esta noche ya he cenado a gusto" pienso, como si se lo comentase al desconocido que ya se aleja, lo veo andar inconciente del fin que pudo tener.

Me vuelvo hacia el mar y hacia los botesitos que casi por debajo mío se mesen amarrados unos a otros. De un salto caigo entre ellos y avanzo hasta encontrar uno de mi agrado - ni el más diestro pescador puede avanzar así- es blanco y lleva pintado el borde rojo ocre. Me gusta.
Deshago las amarras que lo sujetan y con dos remos viejos muevo esta humilde barca noroeste en contra de la brisa, rumbo a la isla que centenares de metros mas allá se dibuja oscura. Envuelvo con secreto todo el bote para evitar cualquier contratiempo y avanzo con ritmo mantenido y veloz la distancia hasta la otra orilla, donde encuentro sus caletas amuralladas, cerradas. Me toma casi una hora el encontrar un lugar donde bajar. Desafortunadamente es un lugar donde hay guardia, pero me acerco de todas formas confiando en los dones de mi sangre.
Una vez en el muelle amarro con nudo simple mi bote y salto silencioso hacia el suelo de madera. Mis pasos podría ser oídos por un perro quizás, así que pongo más cuidado en ello y avanzo hasta la caseta de madera donde un guardia dormido a la luz de un farolito ronca seguro. "Griegos", pienso, y apago el farolito girando la manilla que aleja la mecha del aceite. "Mucho mejor".
Me adentro a tierra, a esta isla que tiene como principal interés el Palacio de Cleopatra, Dominio público y conocido del viejo y ausente Autarca. Dirijo mis pasos por el empedrado y ascendente camino pegado a la baranda disfrutando como gano altura y visibilidad de esta parte de la bahía.
Llego a un mirador de piedra, que tiene como eternos vigilantes a dos estatuas moldeadas con la figura de dos hombres armados y poderosos "Castor y Pollux", dicen al pie respectivamente.
Admiro la perfección del trabajo, la vitalidad que tienen, como si fuesen a moverse. Me fijo en los detalles, las comisuras de la boca, los párpados que estan a punto de pestañear,la potencia de los brazos, las manos decididas. Las frentes claras... "No hecho por mortales", pienso.
Esto significa que ya es Dominio estricto. Las sutiles marcas que los Artesanos dejan delimitando su Santuario. Quizás sea no avanzar más, después de todo desde aquí veo claramente el Palacio de Marco Antonio, encaramado en la rivera oriental, y el trecho de mar que hay entre las dos orillas. Espero.
Luego de una hora en compañía de las estatuas algo llama la atención en el mar; una oscuridad se ha formado sobre el agua, una oscuridad que , muy probablemente no tiene nada de natural, y que se desplaza con extraña velocidad por el agua - "poderosos remeros", pienso.
"Entonces mi querida Lidia está acompañada por un Magister", esto se vuelve interesante.
Espero al viento que ha comenzado a soplar más fuerte.
Esta noche sucederá algo, me oculto, contemplo.

1 comentario:

Ariel dijo...

Revisate el Blog mio http://arielvillalon.blogspot.com/

Trata de habilitar este blog para multiusuario, o sea para poder editar nosotros también. Saludos.